En medio de la inflación y subida de costos de otros alimentos básicos, como el jitomate, México se enfrenta a una nueva incertidumbre, debido a lo que parece un ajuste inminente en el costo del alimento básico por excelencia en México: la tortilla.
Aquí te explicamos las dos caras de la moneda y por qué este tema ha generado tanta polémica.
El argumento del sector: un déficit de tres años
Todo comenzó con las declaraciones de Homero López, presidente del Consejo Nacional de la Tortilla, en una entrevista con la periodista Azucena Uresti. López puso sobre la mesa una realidad que preocupa a los industriales del sector: un incremento de entre $2.00 y $4.00 pesos por kilo.
La justificación, según el Consejo, es que el sector arrastra un déficit financiero desde hace tres años. Aseguran que, a pesar de la inflación en otros insumos (gas, refacciones, salarios y papel), el precio se ha mantenido relativamente estancado para no afectar al consumidor.
En promedio, el kilo se comercializa en $22.00 pesos (dependiendo de la región), pero los productores afirman que este costo ya no es sostenible para el negocio.
La postura oficial: “No hay justificación”
Desde Palacio Nacional, la respuesta no se hizo esperar. La presidenta Claudia Sheinbaum descartó tajantemente la necesidad de un aumento durante su conferencia matutina. Los puntos clave de la negativa gubernamental son dos, primero, el precio del grano de maíz se encuentra en uno de sus niveles más bajos de la historia reciente en los mercados internacionales.
Y el segundo, existe un acuerdo desde hace casi un año entre la presidencia y los productores de maíz para reducir un 5% el costo de las tortillas, por lo que la presidenta solicitó al titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué, ponerse en contacto con los representantes de los sectores con los que se firmó el Acuerdo Nacional Maíz-Tortilla para impedir esa acción.
La realidad en el mostrador: ¿Cómo sube el precio de la tortilla de maíz?
Más allá de las cifras macroeconómicas y las declaraciones oficiales, existe una brecha de comunicación que afecta directamente a los dueños de las pequeñas tortillerías.
El dato curioso (y preocupante) es que muchos productores locales no reciben notificaciones a través de medios oficiales. Históricamente, el ajuste de precios en las colonias sucede por una red de comunicación informal. El aumento de precio se avisa “de boca en boca”, entre colegas del gremio, hasta que los nuevos letreros aparecen escritos con marcador sobre el mostrador.
Esta falta de canales institucionales claros genera un caos donde el consumidor final termina pagando precios distintos en una misma zona geográfica, dependiendo de qué tan informado —o presionado por los costos— esté el tortillero de su barrio.
Por ahora, el precio oficial se mantiene en el limbo, mientras el Gobierno Federal mantiene la presión para congelar el precio basándose en el costo del grano, los productores señalan que la tortilla no solo es maíz, sino también energía y mano de obra.
Habrá que estar pendientes en nuestra tortillería de confianza.