¿El pollo crudo tiene un olor que no te convence, pero tampoco sabes si realmente está echado a perder? Antes de bañarlo en agua, limón o vinagre, revisa estas señales: algunas indican que puedes cocinarlo, pero otras significan que lo más seguro es tirarlo.
En México solemos decir que el pollo “huele a choquía” cuando desprende un aroma desagradable, fuerte o parecido al de la carne guardada. El problema es que no todos usamos esta palabra para describir exactamente el mismo olor.
Por eso, más que confiar solamente en la nariz, conviene revisar también su textura, color, fecha de caducidad y la manera en la que estuvo refrigerado.
¿Qué significa que el pollo huela a choquía?
“Choquía” es una manera coloquial de describir un olor desagradable que puede aparecer en alimentos, trastes, trapos o superficies. En el pollo crudo puede referirse desde su aroma natural hasta un olor agrio, rancio o muy penetrante.
La diferencia importa: un aroma ligero no significa automáticamente que el pollo esté descompuesto, pero un olor fuerte acompañado de una textura viscosa o pegajosa sí es una señal para no utilizarlo.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos explica que el pollo deteriorado puede presentar mal olor, oscurecimiento y una superficie pegajosa o viscosa. Cuando aparecen estas características, no debe consumirse.
Primero revisa si el pollo todavía se puede comer
Antes de pensar en sazonarlo, observa estas cuatro señales.
1. El olor
El pollo crudo puede tener un aroma leve, pero no debería oler intensamente agrio, rancio, podrido o parecido al amoniaco.
Si el olor te hace retirar la cara o permanece aun después de sacar el pollo de su empaque, no intentes esconderlo con limón, ajo o especias.
2. La textura
Toca una pequeña parte y después lávate bien las manos. Si la superficie está demasiado babosa, viscosa o pegajosa, el pollo puede estar deteriorado.
No necesitas enjuagarlo para comprobarlo.
3. El color
Una pequeña variación de color no siempre significa que el pollo esté malo. Sin embargo, si además del mal olor notas zonas verdosas, muy oscuras o de aspecto extraño, es mejor desecharlo.
El color debe evaluarse junto con el olor y la textura; por sí solo no permite saber si una carne es segura.
4. El tiempo que lleva guardado
El pollo crudo debe mantenerse refrigerado y utilizarse, de preferencia, dentro de uno o dos días. Si no lo cocinarás pronto, lo mejor es congelarlo.
Si pasó varias horas fuera del refrigerador, tampoco es buena idea cocinarlo “para no desperdiciarlo”. Los alimentos perecederos no deben permanecer a temperatura ambiente más de dos horas, o más de una hora cuando hace mucho calor.
¿Qué hacer si el pollo huele raro, pero no parece descompuesto?
Si el aroma es ligero, el pollo se siente firme, no está viscoso, continúa dentro de su fecha y siempre se mantuvo frío, puedes prepararlo sin lavarlo.
Haz lo siguiente:
- Sácalo del empaque sobre una tabla destinada a carnes crudas.
- Si tiene demasiado líquido, retíralo con una servilleta de papel y deséchala inmediatamente.
- Lávate las manos con agua y jabón.
- Marina o sazona el pollo dentro de un recipiente cerrado.
- Mantén el recipiente en el refrigerador hasta el momento de cocinar.
- Cocina completamente la pieza.
Puedes marinarlo durante 30 minutos con limón, ajo, hierbas y un poco de aceite para mejorar su sabor y aroma. Pero atención: la marinada sirve para sazonar, no para desinfectar ni rescatar pollo echado a perder.
Si necesitas una idea, puedes preparar esta receta de pollo al limon y hierbas.
¿El limón o el vinagre eliminan la choquía?
El limón, el vinagre, el ajo y las especias pueden cambiar el aroma y el sabor del pollo, pero no vuelven seguro un alimento descompuesto.
Esta es la regla sencilla: si el pollo huele mal, está viscoso o no sabes cuánto tiempo permaneció sin refrigeración, no lo disfraces con condimentos; deséchalo.
Tampoco pruebes un pedacito para comprobar si todavía sirve. Las bacterias que causan enfermedades no siempre cambian el sabor, el olor o la apariencia del alimento.
¿Por qué no debes lavar el pollo crudo?
Lavar el pollo no elimina todas las bacterias. En cambio, las gotas de agua pueden salpicar el fregadero, la llave, los utensilios, la ropa o alimentos que se comerán sin cocinar.
A esto se le llama contaminación cruzada. Dicho fácil: las bacterias pasan del pollo a otros lugares de la cocina sin que puedas verlas.
La manera de reducir el riesgo no es lavar la carne, sino separar el pollo crudo de los demás alimentos, limpiar manos y superficies y cocinarlo completamente.
Puedes ampliar esta información en la razón por la que no debes lavar el pollo.
¿A qué temperatura debe cocinarse el pollo?
El centro de la pieza debe alcanzar 74 °C. La forma más segura de comprobarlo es con un termómetro de cocina colocado en la parte más gruesa, sin tocar el hueso.
Que el pollo esté dorado por fuera no garantiza que ya se cocinó por dentro. Tampoco conviene confiar únicamente en el color de los jugos.
Aquí puedes consultar cómo saber si el pollo está bien cocido.
Cuándo debes tirar el pollo sin intentar rescatarlo
Desecha el pollo si presenta una o varias de estas señales:
- Tiene un olor agrio, rancio, podrido o muy penetrante.
- Su superficie está babosa, viscosa o demasiado pegajosa.
- Presenta cambios extraños de color junto con mal olor o mala textura.
- La fecha de caducidad ya pasó.
- Permaneció más de dos horas a temperatura ambiente.
- No sabes cuánto tiempo lleva descongelado o fuera del refrigerador.
- El empaque estaba abierto, inflado, dañado o con fugas.
- Tienes dudas sobre la forma en la que fue transportado o conservado.
Profeco recomienda no aceptar ni consumir productos con olores desagradables o señales de descomposición, aunque la fecha del empaque todavía esté vigente.
Cómo evitar que el pollo adquiera olores desagradables
Cuando llegues del mercado o supermercado, refrigera el pollo inmediatamente. Guárdalo dentro de un recipiente o bolsa bien cerrada y colócalo en la parte baja del refrigerador para evitar que sus líquidos caigan sobre otros alimentos.
Si no lo cocinarás durante los siguientes uno o dos días, congélalo en porciones. Para descongelarlo, pásalo al refrigerador desde el día anterior; no lo dejes durante horas sobre la mesa ni dentro del fregadero.
También evita utilizar la misma tabla o cuchillo para cortar pollo crudo y verduras que se servirán sin cocinar. Lava los utensilios y las superficies con agua caliente y jabón después de manipularlo.
Puedes consultar esta guía para saber cuánto duran los alimentos en el refrigerador y en el congelador.
En resumen: si dudas, no lo cocines
Un poco de limón, vinagre o ajo puede mejorar el sabor de un pollo fresco, pero no puede reparar uno descompuesto. Si únicamente percibes el aroma natural de la carne y no existen otras señales de deterioro, puedes sazonarla y cocinarla sin lavarla.
Pero si el olor es fuerte, la textura es viscosa o no sabes cuánto tiempo estuvo sin refrigeración, lo más seguro es desecharla. Perder una pieza de pollo duele; una intoxicación alimentaria duele bastante más.