El jitomate y la cebolla están entre los productos que más se encarecieron durante la primera mitad de septiembre. Te explicamos cómo hacerlos rendir, qué ingredientes pueden cumplir parte de su función y qué recetas mexicanas preparar sin depender tanto de ellos.
Si últimamente te quedaste mirando el precio del jitomate o de la cebolla antes de ponerlos en la bolsa, no fue imaginación tuya. Ambos ingredientes subieron de precio y eso se siente especialmente en nuestro bolsillo y en nuestras recetas, donde aparecen en salsas, sopas, arroz, huevos, guisados y prácticamente toda clase de antojitos.
La solución no consiste en buscar un ingrediente mágico que sepa exactamente igual. Para cocinar con menos jitomate y cebolla puedes utilizar chiles secos para dar color, verduras cocidas para espesar, limón o vinagre para recuperar acidez, ajo y hierbas para construir aroma, y col o rábano cuando necesitas una guarnición crujiente.
También puedes reservar el jitomate y la cebolla para las recetas donde realmente son protagonistas y elegir otros platillos el resto de la semana. Así ahorras sin convertir la comida en un triste plato de “lo que había”.
¿Cuánto subieron el jitomate y la cebolla?
De acuerdo con el boletín del Índice Nacional de Precios al consumidor del INEGI, durante la primera quincena de septiembre de 2026 el jitomate aumentó 22.79% y la cebolla 8.61% respecto de la quincena anterior. En el mismo periodo, el conjunto de frutas y verduras registró un incremento de 3.38%.
Esto no quiere decir que un kilo cueste lo mismo en todo México. Los precios cambian según la ciudad, la tienda, el mercado, la variedad y la calidad del producto. Antes de comprar una supuesta alternativa también conviene revisar cuánto cuesta realmente, porque un pimiento rojo, por ejemplo, puede terminar siendo más caro que el propio jitomate.
La herramienta Quién es Quién en los Precios de Profeco permite consultar y comparar precios por localidad. También vale la pena revisar mercados, recauderías y supermercados cercanos, pues la opción más económica puede cambiar de una semana a otra.
Antes de sustituirlos, identifica qué aportan a la receta
El jitomate y la cebolla no cumplen una sola función. El jitomate puede aportar humedad, acidez, color y cuerpo; la cebolla puede dar aroma, un toque dulce al cocinarse o textura cuando se sirve cruda. Por eso, la mejor alternativa depende del platillo: no necesitas el mismo reemplazo para un caldillo que para una tostada.
| Si necesitas… | Puedes probar con… | Toma en cuenta |
| Color y profundidad | Chile guajillo o ancho | No aportan la misma acidez del jitomate |
| Cuerpo para un caldillo | Papa, zanahoria o calabaza cocida | Cambian ligeramente el sabor y el color |
| Acidez | Limón o vinagre | Se agregan poco a poco y no aportan consistencia |
| Aroma para el sofrito | Ajo, cilantro, epazote, orégano o poblano | No reproducen el dulzor de la cebolla |
| Sabor a jitomate usando menos | Pasta o puré de jitomate | Hay que comparar precio por porción y revisar la etiqueta |
| Textura crujiente | Col, rábano, pepino o jícama | Funcionan mejor como guarnición |
Si necesitas más posibilidades para una preparación específica, puedes consultar estos ingredientes que se pueden usar en lugar de jitomate
8 formas de usar menos jitomate y cebolla sin perder el sabor
1. Usa chiles secos para preparar una base roja
El chile guajillo y el chile ancho pueden dar color, profundidad y un sabor muy mexicano a caldillos, enchiladas, nopales, carne o pollo. No saben a jitomate, pero permiten preparar una salsa sabrosa sin depender de una gran cantidad.
Para una base sencilla, retira las semillas de tres chiles guajillos, suavízalos en agua caliente durante unos 10 minutos y licúalos con un diente de ajo y entre una y una taza y media de caldo. Cuela y cocina la salsa antes de incorporarla al guiso.
Si todavía tienes jitomate, agrega una pieza asada para sumar acidez y sabor. De esta manera, una receta que normalmente utiliza cuatro jitomates puede prepararse con uno o dos y una base de chile seco.
2. Combina jitomate fresco con pasta o puré
Cuando deseas conservar el sabor a jitomate, no siempre conviene eliminarlo. Puedes utilizar una cantidad menor y completar el líquido con caldo, agua y un poco de pasta o puré de jitomate.
Para un guiso pequeño que normalmente llevaría cuatro jitomates, comienza con dos jitomates asados, una cucharada de pasta de jitomate y media taza de caldo. Cocina y ajusta la consistencia antes de agregar más.
La pasta es concentrada, por lo que se necesita poca. Compara el precio por porción y revisa la etiqueta: algunos purés contienen sal, azúcar, almidones o condimentos que pueden cambiar el resultado de la receta.
3. Utiliza tomate verde cuando cueste menos
El tomate verde funciona como base para salsas, enchiladas, chilaquiles y algunos guisados. Tiene un sabor más ácido y no conserva el color rojo, de modo que no es un reemplazo invisible, sino una forma de preparar una versión distinta.
Antes de elegirlo, compara el precio local. Si está igual o más caro, no existe ahorro. Si resulta conveniente, ásalo o cuécelo y combínalo con chile, ajo y cilantro. Prueba antes de agregar limón o vinagre porque ya aporta bastante acidez.
4. Da cuerpo al caldillo con verduras cocidas
La papa, la zanahoria o la calabaza pueden ayudar a espesar sopas y guisados cuando el jitomate se utilizaba principalmente para aportar consistencia.
Licúa media taza de la verdura cocida con una taza de caldo y agrega la mezcla poco a poco. La papa tiene un sabor más neutro, la zanahoria aporta dulzor y color, mientras que la calabaza deja una textura suave.
Esta técnica no imita el sabor del jitomate. Su función es evitar que el guiso quede aguado; el sabor se termina de construir con chile, ajo, hierbas y especias.
5. Recupera la acidez con limón o vinagre
Si una sopa, salsa o guiso quedó plano después de reducir el jitomate, quizá no necesita más sal, sino un poco de acidez.
Agrega una cucharadita de jugo de limón o vinagre al final de la cocción, mezcla y prueba. Repite únicamente si hace falta. El vinagre blanco tiene un sabor más directo; el de manzana resulta ligeramente más suave.
Este recurso mejora el equilibrio del platillo, pero no agrega color, humedad ni cuerpo. Por eso funciona mejor acompañado de alguna de las bases anteriores.
6. Sustituye parte de la cebolla con otros ingredientes aromáticos
Para un sofrito puedes utilizar ajo, tallos de cilantro finamente picados, epazote, orégano, comino o tiras de chile poblano. No reproducen exactamente el sabor de la cebolla, pero ayudan a que la comida no quede plana.
Si una receta pide una cebolla completa, prueba con media cebolla bien picada, un diente de ajo y la hierba que combine con el platillo. Sofríe a fuego medio para distribuir el sabor, cuidando que el ajo no se queme porque se vuelve amargo.
Para frijoles y sopas funcionan bien el ajo y el epazote; en calabacitas, arroz o pollo puedes probar ajo, poblano y cilantro.
7. Cambia la cebolla cruda por una guarnición crujiente
En tacos, tostadas, pozole, flautas o ensaladas, la cebolla cruda también aporta frescura y textura. Esa función puede cubrirse con col finamente rebanada, rábano, pepino o jícama.
Mezcla la opción elegida con limón, una pizca de sal y cilantro. No sabrá igual que la cebolla, pero conservará el contraste fresco y crujiente que necesita el platillo.
La col suele rendir más y aguanta varios días; el rábano aporta un sabor más intenso y el pepino resulta más fresco. Elige según el precio y la receta.
8. Usa una cantidad pequeña, pero haz que cuente
A veces la opción más sensata no es sustituir el ingrediente, sino aprovecharlo mejor. Pica la cebolla muy fina para distribuirla por todo el guiso y asa el jitomate para concentrar su sabor antes de licuarlo.
También puedes preparar una base con dos jitomates, chile seco y caldo en lugar de usar cuatro o cinco piezas. Congela en porciones el jitomate maduro que no alcanzarás a cocinar y la cebolla ya picada; al descongelarse perderán firmeza, pero seguirán funcionando en salsas y guisados cocidos.
Sustituciones que no siempre ayudan a ahorrar
No toda recomendación que aparece en internet cuida el bolsillo. Antes de cambiar un ingrediente, revisa el precio y piensa si funciona en ese platillo.
- Pimiento rojo: puede aportar color y dulzor, pero en muchos lugares cuesta más que el jitomate. Además, no es una alternativa para quien evita las solanáceas, pues también pertenece a esa familia.
- Cátsup: contiene azúcar, vinagre, sal y condimentos. Puede utilizarse en preparaciones específicas, pero no reemplaza una salsa casera ni un caldillo.
- Betabel: proporciona color, pero también un sabor terroso marcado. No debe presentarse como sustituto universal del jitomate.
- Cebollín o poro: pueden sustituir parte del aroma de la cebolla, pero no serán económicos si su precio por porción es mayor.
- Cebolla en polvo: sirve para sazonar y dura más, aunque no aporta textura. Revisa si contiene sal u otros ingredientes.
7 recetas de Cocina Fácil para cocinar con poco jitomate y cebolla
No se trata de reinventar toda la comida de la semana. Estas recetas publicadas en Cocina Fácil utilizan poco o nada de jitomate y cebolla, o permiten reducirlos sin descomponer el platillo. Mira esta lista con las 7 recetas
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Cómo conservar el jitomate y la cebolla para que nada termine en la basura
Ahorrar también significa aprovechar lo que ya compraste. Si el jitomate está maduro y no lo utilizarás pronto, lávalo, sécalo, retira las partes dañadas y congélalo entero, picado o licuado en porciones. Al descongelarse estará blando, así que resérvalo para salsas, sopas y guisados.
La cebolla puede congelarse picada en porciones pequeñas para cocinar. No conservará su textura crujiente, pero funcionará en sofritos, arroz, frijoles o caldos.
Al comprar, elige piezas firmes y sin moho, olor fermentado o zonas húmedas. Un jitomate muy maduro puede ser perfecto para una salsa si se encuentra en buen estado; uno con moho o líquido extraño no se rescata cortando solamente la parte visible.
Y antes de llenar la despensa con una alternativa procesada, compara cuánto rinde. El producto más barato por envase no siempre es el más económico por plato.
Cocinar con menos no significa despedirse del sabor mexicano
El jitomate y la cebolla son esenciales en muchas recetas caseras, pero no son las únicas herramientas de la cocina mexicana. Los chiles secos, el ajo, el epazote, el cilantro, los frijoles, los nopales y las verduras también pueden construir platillos llenos de sabor.
Mientras sus precios permanecen altos, reserva el jitomate y la cebolla para las recetas donde realmente son protagonistas y utiliza estas alternativas en el resto de la semana. No encontrarás una copia exacta, pero sí comidas ricas, rendidoras y mucho más amables con el gasto familiar.
Guisados fáciles y baratos