Llegas a los 30 y algo cambia. De repente, las desveladas ya no se recuperan en un día, el café se vuelve un grupo alimenticio básico y, a pesar de intentar comer “decente”, notas que el pantalón aprieta, específicamente en la cintura. A menudo culpamos a la edad o al metabolismo, pero hay un culpable silencioso y es el burnout, un estado de agotamiento físico, mental y emocional causado por estrés prolongado.
No es solo cansancio: es sentirte drenado, desmotivado y sin energía incluso después de descansar, un estado que en el mundo corporativo y profesional se ha normalizado. Pero esa factura no solo se paga con cansancio mental; se paga con cambios metabólicos reales. El sentimiento de hacer todo “bien” pero que tu cuerpo no responda es el foco y se tiene que considerar hablar de la conexión química entre tu estrés, tu insulina y tu peso.
Solemos pensar en el burnout como un estado emocional, pero para el cuerpo es una emergencia física constante. El doctor Bernardo Diaz Culebro, Head de Medicina de Clivi, clínica digital especializada en tratamiento integral de condiciones como la obesidad, el sobrepeso y la diabetes, explica que su impacto en el cuerpo va mucho más allá de lo mental, pues desencadena una serie de cambios hormonales que alteran de manera importante el metabolismo.
La clave reside en cómo el cuerpo responde al estrés prolongado, mediado principalmente por el cortisol. Para entender por qué el estrés hace subir de peso a las personas y por qué es tan difícil bajar, el Dr. Díaz Culebro desglosa este mecanismo en tres fases críticas:
1. La trampa del cortisol
En un estado de burnout, el cuerpo interpreta el agotamiento como una amenaza constante (como si te persiguiera un león 24/7). Esto activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, liberando niveles elevados de cortisol de forma sostenida.
El cortisol estimula el hígado para producir más glucosa. El cuerpo interpreta esto como “necesitamos energía inmediata para luchar o huir”.
Para asegurar que esa glucosa esté disponible para el cerebro y los músculos, el cortisol altera la producción y sensibilidad a la insulina, impidiendo que las células absorban ese azúcar correctamente.
2. El ciclo de la resistencia a la insulina
Cuando el burnout se vuelve crónico, es decir, ese estrés que dura meses, el páncreas intenta compensar los niveles altos de azúcar secretando más y más insulina. Sin embargo, debido al bloqueo del cortisol:
- Las células desarrollan una menor respuesta, es decir, la resistencia a la insulina.
- Al no poder entrar en las células para convertirse en energía, ese exceso de glucosa se almacena directamente como grasa.
3. La “panza de estrés” y el hambre emocional
El doctor Bernardo Diaz Culebro advierte que el impacto en el peso tiene una firma muy particular cuando se debe al estrés:
- El cortisol tiene una “afinidad” especial por los receptores de grasa en el área abdominal. Por eso, el burnout suele causar un aumento de perímetro de cintura, incluso si mantienes estable tu consumo de calorías.
- La elevación del cortisol altera la leptina (la señal de saciedad) y aumenta el deseo de azúcares y grasas. El cerebro busca una recompensa rápida para aliviar el malestar emocional.
- El cortisol es catabólico; en exceso, degrada el tejido muscular para obtener energía, lo que disminuye tu metabolismo basal. Es decir, quemas menos calorías en reposo.
Si te identificas con este cuadro, la solución no es una “dieta de hambre”. La estrategia debe ser metabólica y de estilo de vida para reducir la factura que cobra el burnout al cuerpo.
“Antes de inscribirte al gimnasio de moda, revisa tus niveles de cortisol, insulina y glucosa. En Clivi, el diagnóstico es el primer paso para saber si tu sobrepeso es por calorías o por hormonas. La privación de sueño eleva el cortisol automáticamente. Priorizar 7-8 horas de descanso real es la herramienta más potente para resetear la sensibilidad a la insulina. Dado que el estrés degrada el músculo, necesitas contrarrestarlo con ejercicios de fuerza (pesas, resistencia). El músculo es el órgano que más glucosa consume; recuperarlo ayuda a regular tu azúcar en sangre”, menciona el doctor Díaz Culebro.
Como consejo adicional, el experto menciona que aunado a esto se deben reducir los estimulantes (exceso de cafeína) y el azúcar refinada. Optar por una dieta rica en proteína, fibra y grasas saludables que den saciedad al cerebro sin elevar la glucosa. Si el origen es el burnout, el tratamiento debe incluir herramientas para manejar el estrés.
El aumento de peso en los 30 asociado al estrés no es una condena. Es una señal del cuerpo pidiendo una pausa. Entender la química detrás del burnout es el primer paso para dejar de pelear contra la báscula y empezar a sanar tu metabolismo desde adentro. Asesórate con expertos y que te ayuden a resolver o prevenir estos temas de salud.