En México, la diabetes tipo 2 es una epidemia que no distingue entre géneros. Sin embargo, cuando analizamos los datos y la fisiología, emerge una verdad que a menudo se ignora: los hombres tienden a desarrollar la enfermedad a edades más tempranas y con un Índice de Masa Corporal (IMC) menor en comparación con las mujeres.
Dejar de lado los mitos y las generalizaciones es crucial para la prevención. Entender estas diferencias biológicas no es una condena, sino una herramienta para tomar acciones preventivas y buscar atención especializada de manera proactiva.
El factor determinante no es el peso total, sino dónde se almacena la grasa. En los hombres, existe una mayor propensión a acumular grasa visceral: la que se localiza alrededor de los órganos internos en el abdomen.
Esta grasa visceral es metabólicamente activa; es decir, libera ácidos grasos y citocinas inflamatorias directamente al hígado y al páncreas. Esta cascada inflamatoria es lo que conduce de forma más acelerada a la resistencia a la insulina, el paso previo al desarrollo de la diabetes tipo 2.
Por esta razón, un hombre puede parecer “delgado” o tener un IMC dentro del rango normal, pero si tiene un perímetro de cintura elevado, su riesgo cardiometabólico es significativamente mayor. De hecho, varios estudios han señalado que el umbral de IMC para un diagnóstico de diabetes tipo 2 debe ser más bajo en hombres que en mujeres.
Las mujeres, especialmente en edad reproductiva, cuentan con un factor protector: los estrógenos. Estas hormonas femeninas tienden a promover una distribución de grasa más subcutánea (bajo la piel), particularmente en caderas y muslos, la cual es menos dañina desde el punto de vista metabólico que la grasa visceral.
Esta ventaja fisiológica permite a las mujeres “tolerar” un mayor nivel de grasa corporal total antes de desarrollar resistencia a la insulina de manera significativa. Sin embargo, este efecto protector disminuye drásticamente con la menopausia, igualando los riesgos entre ambos géneros en etapas posteriores de la vida.
La Dra. Natalia Razo, médico internista de Clivi, clínica que está evolucionando cómo tratar la obesidad, sobrepeso y diabetes, subraya que “el enfoque debe ser personalizado y no limitarse al IMC. Para los hombres, la medición de cintura y la evaluación de la composición corporal son herramientas mucho más sensibles. Un hombre con un IMC de 25 puede estar en mayor riesgo que una mujer con el mismo IMC, simplemente por la distribución de su grasa. Es necesario que los hombres se realicen chequeos metabólicos regulares, especialmente a partir de los 40 años o si tienen antecedentes familiares de diabetes”.
Para la población masculina, el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 es una señal de alerta clara. La prevención no se trata solo de hacer ejercicio, sino de entender el riesgo específico y actuar en consecuencia. De acuerdo con los expertos de Clivi, la medición de Cintura es más útil que el peso para medir el riesgo de grasa visceral. Además el análisis de composición corporal o como se le conoce “InBody” es una herramienta que desvela la proporción real de grasa y músculo. Por último la atención debe ser integral y el tratamiento multidisciplinario, es decir, con acompañamiento de un médico, nutriólogo y psicológico.
Entender que el riesgo metabólico tiene matices de género nos permite ofrecer una atención más precisa y efectiva, salvando años de salud y evitando complicaciones devastadoras en la vida de los hombres.