Si un alimento no te gusta, no siempre basta con decidir “ahora sí lo voy a comer”. Un estudio de Yale encontró que nuestras preferencias influyen cuando aprendemos nuevas asociaciones con la comida. Su pista: cuestionarlas desde el principio y, quizá, probar algo nuevo antes de intentar quitar lo que ya disfrutamos.
Cambiar la forma de comer puede empezar con toda la intención y terminar con el menú de siempre. No necesariamente porque falten ganas: nuestros gustos y rechazos también pesan cuando nos enfrentamos a algo nuevo.
Un estudio de la Escuela de Medicina de Yale exploró cómo influyen esas preferencias. La pista que abre es interesante: si quieres cambiar una costumbre, quizá sea más fácil empezar cuestionando tus ideas sobre un alimento y sumar algo nuevo que quitar de golpe algo que te gusta. Eso sí: el estudio no probó un método para cambiar la alimentación en la vida diaria.
¿Qué hizo Yale para estudiar nuestros gustos por la comida?
En el experimento participaron cerca de 280 personas. Cada una eligió cuatro alimentos: dos que le gustaban y dos que le desagradaban. Después, frente a una computadora, tenía que predecir si esos alimentos recibirían puntos positivos o negativos.
Las reglas cambiaban durante la prueba. A veces coincidían con lo que cada persona prefería; otras, lo contradecían. Así, los investigadores observaron qué pasaba cuando una regla nueva iba contra una asociación que ya se sentía familiar.
¿Qué encontró el estudio sobre cambiar nuestras preferencias?
A los participantes les costó aprender asociaciones que contradecían sus gustos. Además, quienes empezaron con una etapa que confirmaba sus preferencias tuvieron más dificultad cuando las reglas cambiaron después.
En cambio, quienes comenzaron con una experiencia que cuestionaba sus gustos se adaptaron mejor a los cambios posteriores. El equipo relacionó el resultado con el efecto de primacía: la primera experiencia puede influir en lo que esperamos y en cómo interpretamos lo que viene después.
La pista de Yale: cuestionar el gusto desde el principio
Los investigadores plantean que, al intentar adoptar nuevos hábitos, podría ayudar cuestionar desde el comienzo lo que creemos sobre ciertos alimentos. No significa obligarte a comer algo que detestas; significa que la primera reacción no tiene que ser la última palabra.
¿Es más fácil sumar que quitar?
En la prueba, los participantes pudieron cambiar más fácilmente la valoración de los alimentos que rechazaban que la de los que les gustaban. A partir de ese resultado, los investigadores sugieren que quizá sea más fácil incorporar un alimento que renunciar a uno favorito.
Dicho sin bata de laboratorio: tal vez probar una receta distinta con brócoli resulte menos cuesta arriba que proponerte no volver a comer helado. Es una interpretación posible del experimento, no una regla comprobada para cambiar la alimentación.
A mi casi no me gusta el chayote, por eso te comparto estas recetas para que ambas le demos una nueva oportunidad y que aprendamos a comer rico y de todo.
¿Cómo llevar esa pista a la cocina?
Puedes empezar por elegir un alimento que quieras probar y buscar una preparación que sí se te antoje. Si nunca te ha convencido el brócoli, por ejemplo, quizá te den más ganas unas recetas con brócoli que comerlo siempre de la misma forma.
También puedes sumar un ingrediente nuevo a un platillo que ya disfrutas o dejarlo listo para cocinar. Estas son maneras prácticas de experimentar con la idea; no son pasos que Yale haya probado como tratamiento o estrategia clínica.
No imaginas qué tan delicioso puede ser el brócoli. Te invitamos a probarlo en estas recetas.
¿El estudio demuestra cómo cambiar los hábitos alimentarios?
No. La investigación midió cómo las personas aprendían asociaciones entre alimentos y puntos durante una tarea. No les pidió cambiar su menú ni comprobó que cuestionar sus gustos o sumar alimentos modificara sus hábitos con el tiempo. La utilidad del hallazgo es ofrecer una pista para futuras investigaciones y estrategias, no dar una fórmula garantizada.
Así que si cambiar lo que comes te cuesta, no tienes que convertir cada comida en una prueba de voluntad. Puedes explorar ingredientes y preparaciones distintas, sin tratar un alimento favorito como enemigo. Y si el cambio responde a una condición de salud, lo mejor es buscar orientación profesional.